Archivo para 26/04/10

26
Abr
10

Y fue por mirar atrás…

Pasé una tarde en el distrito financiero, el corazón económico mundial. Situado en la punta sur de Manhattan, era un lugar que me hacía especial ilusión ver. El mayor mercado de valores del mundo se hundió y arrastró consigo a la ruina a miles de inversores en ese mismo lugar hacía casi exactamente 80 años. Era un barrio que merecía ser visitado.

Empecé tocándole los huevos y los cuernos al toro en el Bowling Green Park. Fui a encontrarme con ese animal de bronce y 3200kg de peso con esa intención, ya que cuenta la tradición que hacerlo proporciona prosperidad económica. ¿Quién era yo para cuestionar las tradiciones americanas? Sin embargo, no fue coser y cantar. Como yo, otros turistas querían llamar a la bonanza monetaria invadiendo a la escultura, y nuevamente tuve que guardar cola para tomar la fotografía de recuerdo. Sin ninguna duda, las colas formaban parte de mi viaje a Nueva York.

A escasos tres minutos se encontraba la iglesia Trinity. Era pequeña, mucho menos imponente que la ya mencionada catedral de San Patricio, y estaba rodeada de un pequeño bosque con un cementerio. Estaba muy próxima a la denominada zona cero y había sobrevivido a los efectos de los ataques del 11-S. De nuevo, me volvió a llamar la atención un mero detalle sin importancia, pero que a día de hoy, medio año después, recuerdo perfectamente. En la entrada, después de pasar por las puertas de cobre que representan la expulsión del paraíso de Adán y Eva, había un dispensador de jabón para evitar contagios. Venía de visitar la Estatua de la Libertad, y en el embarque había visto por primera vez personas con mascarillas. Era la segunda prevención contra la gripe A (que, sin duda, estaba causando más temores por allí que por España)  en un mismo día, esta vez dentro de una iglesia.

Me alejé de la iglesia por Wall Street. Se me ocurrió girarme para echar un último vistazo a la iglesia y recibí una grata sorpresa. Con la impresión de estar encajonada entre dos grandes edificios, tenía su espacio dentro del ajetreo de Manhattan. Como infundado fe a los inversores, Trinity Church encabezaba Wall Street. Me gustó lo que vi, visión que no habría tenido si no me hubiese dado por mirar atrás.

Continué por Wall Street, donde se encontraban edificios como la Borsa de Nueva York o el Federal Hall. Éste último estaba flanqueado por el mismísimo George Washington en piedra, ya que fue el lugar donde fue investido en 1789. Y allí, bajo el primer presidente de Estados Unidos se estaba desarrollando una actividad tan cuotidiana en Nueva York como un rodaje. Sin embargo, esta vez sus protagonistas no eran actores famosos (o al menos lo suficientemente famosos como para que yo los reconociese), sino unas marionetas de goma.

Personas trajeadas, personas con ropa cómoda. Turistas, gente trabajando. Negros, blancos, adultos y niños. En Wall Street todo el mundo tenía cabida fuese cual fuese su propósito.

Quizás fue por su importante historia pasada, o quizás por los episodios que todavía podía protagonizar. Quizás fue por su diversidad o por encontrarme con un rodaje en plena calle. El motivo no importa. Wall Street no fue una calle más.




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