25
Abr
10

Midtown, entre rascacielos

Estaba deseosa por ver la ciudad y salir del aeropuerto, pero antes tenía que terminar con la llamada burocracia. Después de guardar una cola que no se demoró durante mucho tiempo llegué a la ventanilla para entregar los formularios rellenados anteriormente. Unas preguntas sobre mis intenciones y sobre mis acompañantes, una tomada de huellas y una foto fue lo que finalmente me dio el permiso para entrar en la ciudad. Me hubiese gustado ver esa foto, habría sido un buen recuerdo.

Salí a la calle en tirantes y la chaqueta de punto en la mano. El resto de personas iba relativamente abrigada, pero yo no sentía frio. El conductor del vehículo que nos llevaría al hotel se extrañó al verme vestida así, pero ese momento la emoción por comenzar a ver no me dejaba sentir otra cosa.

Durante el trayecto comencé a ver parte de lo que al día siguiente podría empezar a vivir. Comprobé de primera mano el tráfico americano y el morro que hay que tener para conducir. Los famosos taxis amarillos estaban por cualquier parte. Todo se veía muy atractivo desde la ventana, pero consistía en mezclarse entre la muchedumbre.

Times Square - New York

The Paramount Hotel se encontraba en la calle 46 con Broadway, en pleno Times Square. Esta plaza es un ícono a nivel mundial y un símbolo de la ciudad. Un centro neurálgico de la ciudad donde se unen las líneas de metro por debajo y las culturas del planeta en su superficie. Un lugar donde cada cartel publicitario es más grande que el anterior. Era cierto. No podía apartar mis ojos del cielo, mi instinto me obligaba a levantar el cuello y mirar hacia arriba, no fuese a escapárseme algún detalle. Kodak, Samsung, LG o Coca-cola brillaban captando la atención de una turista fácilmente impresionable como yo. O quizás no, quizás es que situarse en pleno Times Square es realmente impresionante. Me acosté con esa imagen.

Por la mañana experimenté el “desayuno americano”. Hasta ese momento no había visto a nadie comer de buena mañana tortilla de verduras con patatas y rebanadas de pan, pero me sumé al carro ya que tenía un día largo por delante. Además, compré mi primer chocolate para llevar (soy una persona anti-café), iba a ser como esas personas que siempre veía en las películas con vasos por la calle y que tanta rabia me producen cuando las veo por Barcelona. Pero Nueva York era diferente, allí los vasos son directamente para sacarlos del establecimiento y no perder tiempo.

Rockefeller Center - escultura de Prometeo

Con el estómago lleno ya estaba preparada para empezar a visitar Nueva York. La primera visita fue al complejo Rockefeller Center, donde estaba instalada la pista de patinaje sobre hielo. El famoso árbol cuyo encendido inicia oficialmente la Navidad se encontraría en ese mismo lugar pocas semanas después, pero me tendría que conformar con verlo por televisión como cada año. La plaza estaba rodeada de banderas representantes de los Estados Miembros de las Naciones Unidas. No tuve que esforzarme mucho para ver la bandera española ondeante, como dándome la bienvenida en un lugar desconocido.

Me había acostumbrado muy rápidamente a la forma de señalizar las calles en Manhattan. Calles en sentido horizontal y avenidas en vertical, todo numerado. Para una persona con un sentido de la orientación nefasto como yo era un método muy sencillo para saber dónde estaba en cada momento.

Tomé la Quinta Avenida dirección UpTown. Me sentí como una auténtica celebridad paseando por calles tan anchas con establecimientos tan lujosos. No se puede hablar de la esta avenida sin mencionar sus tiendas. Desde jugueterías como F.A.O Schwarz con su portero vestido de soldadito en la entrada hasta boutiques cuyas prendas seguro no me puedo permitir, la quinta avenida resalta por su glamour. Me llamó la atención Tiffany & CO. por su hecho simbólico, por hacerme recordar a Audrey Hepbrun en Breakfast at Tiffany’s.

Interior de St. Patrick's Cathedral - New York

Sin embargo, había una construcción en la Quinta mucho más importante que cualquier tienda de lujo. St. Patrick’s Cathedral, la catedral católica más grandes de Estados Unidos, se ha quedado pequeña entre tantos rascacielos. Sin embargo, su silueta es espectacular. Se estaba celebrando misa y estaba completamente abarrotada: quizás por ser Columbus Day se congregó más gente de la normal, esperando al desfile que ocuparía la avenida pocos minutos después. Aún así, los feligreses no me impidieron captar su belleza. El mármol blanco de la construcción transmitía paz. Sí, creo que es la palabra. A los lados diferentes santos y velas que uno podía encender por un módico donativo. Por encima, vidrieras realmente hermosas. Sin duda, la catedral de San Patricio es un lugar de parada obligatoria para cualquier visitante en Manhattan.

 Paramos para comer un perrito caliente y un pretzel. Llevaba toda mi vida imaginándome delante de ese carrito comprando lo que estaba comprando y estaba ansiosa por probar ese pan salado con forma de lazo. ¡Cuál fue mi desilusión al comprobar que no me gustó absolutamente nada!

Pero aún quedaban cosas importantes ese día, y tenía por seguro que no me iba a quedar con ese mal sabor de boca.

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