Archivos para 20/04/10

20
Abr
10

El principio de una aventura

¿Quién no ha oído hablar de Nueva York? Al decir que iba a pasar una semana de mi vida allí, la frase más repetida era ¡qué envidia! o ¡será como si estuvieses dentro de una gran película! ¿Iba a ser sólo eso? ¿Tendría la gran manzana algo más que ofrecerme que lo típicamente conocido? Los días me dejarían comprobar que sí.

El mismo viaje en avión no deja de ser un tópico. Mentiría si no dijese que no tuve la mínima tentación de afirmar que colaboré con los nazis, era terrorista y tenía intención de matar al presidente en el formulario verde que debes cumplimentar para poder entrar. Sin embargo, por fin había cruzado el charco por primera vez y no iba a estropearlo.

Vuelo 6251 de Iberia destino John F. Kennedy con previsión de 8 horas de durada. ¿En qué invertir el tiempo? Entre comida y merienda tuve el placer de entablar conversación con una señora que pasó sentada a mi lado todo el trayecto y que hasta el momento no tenía el placer de conocer. Sin duda, era una buena ocasión para ir familiarizándose con la lengua internacional. Pude saber que volvía del lugar que la vio nacer – Egipto –, volvía a casa. Para esa señora cuyo nombre no recuerdo Nueva York era su hogar, y posiblemente debía conocer todos los lugares que yo miraba con expectación en mi guía antes de llegar. Si hubiese tomado la iniciativa (y mi inglés fuese mejor, también se ha de añadir) y le hubiese preguntado, posiblemente habría sido capaz de informarme mucho mejor de lo que podía hacerlo ese libro que tenía en las manos y en el cual había basado mis expectativas para los próximos días.

Esa mujer desconocida forma parte de mis recuerdos, de mi viaje. Sin saberlo ella, yo especulaba sobre su vida. ¿Estaría casada? ¿Tendría hijos? ¿A qué se dedicaba? En un principio pensé que era una señora peculiar, ya que insistía en ofrecerme un spray para limpiarme las manos cada vez que así lo desease. Supongo que mi cara extrañada por tal hecho de higiene le hizo pensar que quizás también me apetecía probar. Más tarde, cambié el adjetivo por el de precavida, ya que deduje que se debía a la prevención de la temida gripe A.

Sin embargo, no toda mi atención se centró en ella. Ya llegando a nuestro destino nos ofrecieron la segunda película del viaje. Se trataba de The Taking of Pelham 123, película que desarrollaba un secuestro de un tren de metro en pleno Nueva York. Sin duda, una forma curiosa por parte de la aerolínea de darnos la bienvenida.

Finalmente, y después de un vuelo que no pudo hacerse pesado por la emoción que suponía estar en ese avión, aterrizamos en tierras americanas. Me despedí con un “good luck” de la señora que pasó sentada a mi lado todo el trayecto y eché un último vistazo a esas personas que, como yo, se disponían a adentrarse en el sueño americano.

Mi aventura como neoyorkina comenzaba.




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